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Informó el corpulento hombre, de edad madura y una cabeza calva en la que, en su lado derecho, lucía una importante cicatriz.
Dentro se podía ver a un hombre viejo, de aspecto poco saludable, extremadamente delgado y poco abrigado. Su cara apenas se intuía debido a una poblada barba blanca, muy descuidada, con motas negruzcas de suciedad que la afeaban.
El vigía, Ubla, un hombre de aspecto fortachón y rudo, sólo había visto un gran animal deslizándose por encima del agua, y todos dieron por supuesto que se trataba de una ballena.
Un anciano de buen ver, con barba y melenas blancas, bien cuidadas, hizo galopar a su caballo para que se acercara al rey Boldeo.
Era una persona de cara delgada y afilada, mediana edad, pelo blanco que cubría los laterales de su cabeza, ésta calva en su parte superior. Sus ojos arrugados e inquisidores mostraban, junto a su voz, una carismática personalidad.